Minería de oro en Santander: el sector sin cifra oficial
El megaproyecto está suspendido dos años, la minería tradicional sigue bajo excepción y la ilegal saca un kilo diario. Nadie publica cuánto produce.
Cuánto vale la minería de oro de Vetas y California es una pregunta que hoy no tiene respuesta pública.
No porque el oro no salga de esas montañas. Sale. Lo que no existe es la cifra: los boletines de minerales de la UPME registran ausencia de información de Santander entre los departamentos con actividad minera relevante, junto con Tolima, Chocó, Cauca y Caldas.
En un país que produjo 51,1 toneladas de oro formal en 2024, uno de sus distritos históricos no aparece en la contabilidad. Ese vacío es el punto de partida de esta nota.
Tres minerías en la misma montaña
Hablar de "la minería de Santurbán" en singular confunde, porque en ese territorio conviven tres actividades con reglas distintas y con destinos distintos.
Una es el megaproyecto de capital internacional. Otra es la minería tradicional de pequeña escala, la que sostiene a Vetas y California desde hace generaciones. La tercera es la ilegal. Las tres sacan oro del mismo macizo y solo una está hoy en discusión pública.
El megaproyecto: suspendido por dos años
El 3 de marzo de 2025 el Ministerio de Ambiente expidió la Resolución 0221, que declaró una Zona de Reserva Temporal de Recursos Naturales Renovables sobre el flanco occidental del macizo de Santurbán.
El área cubre 75.344,65 hectáreas en Suratá, Matanza, California, Vetas, Charta, Tona y Bucaramanga. Durante dos años la autoridad no puede otorgar nuevas concesiones ni contratos de exploración y explotación, ni avanzar en licenciamiento ambiental, mientras evalúa el recurso hídrico de la zona.
El efecto más visible fue la suspensión provisional del proyecto Soto Norte, de la multinacional canadiense Aris Mining.
En paralelo, el contrato de concesión 0041-68 —firmado en enero de 2023 con Sociedad Minera de Santander S.A.S. y Sociedad Minera Calvista Colombia S.A.S. sobre 2.661,57 hectáreas en Vetas, California, Suratá y Charta— quedó inactivo: el titular pidió suspensión de obligaciones el 2 de julio de 2025.
La medida tiene detractores institucionales. La Procuraduría y la Defensoría del Pueblo pidieron suspender la declaratoria de la zona de reserva.
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La tradicional: la excepción que la mantiene viva
Aquí está el matiz que suele perderse en el debate, y que cambia el sentido de la noticia.
La resolución no congeló toda la minería del páramo. Los titulares de minería tradicional de pequeña escala —proyectos de menos de 150 hectáreas, o cuyo volumen corresponde a pequeña minería— pueden continuar con su trámite de licenciamiento ambiental.
Es decir: lo que se detuvo fue la gran minería y la entrada de nuevos títulos, no la actividad histórica de los dos municipios. Para Vetas y California, que han vivido del oro durante generaciones, esa distinción es la diferencia entre seguir trabajando y no hacerlo.
La ilegal: un kilo diario
Mientras el proyecto grande espera y el pequeño tramita, la extracción ilegal opera sin pausa.
Una investigación de Vanguardia publicada el 20 de julio de 2026 documentó en California una extracción cercana a un kilogramo de oro diario, y al menos cinco túneles activos entre los 3.100 y los 3.466 metros sobre el nivel del mar, es decir, dentro del ecosistema de páramo.
La Unidad de Información y Análisis Financiero estima que ese circuito mueve alrededor de $26.000 millones mensuales.
Ese es, hasta donde llega la información pública, el único dato de producción con orden de magnitud que existe sobre el oro de esa zona. Y corresponde justamente a la actividad que nadie registra.
El mercurio: prohibido desde 2018
El costo ambiental tiene una medida concreta y está en el agua.
La misma investigación documentó un pH de 3,2 en el agua que baja hacia Suratá, un nivel de acidez que compromete la vida acuática y el uso del recurso aguas abajo. Y una relación de cinco gramos de mercurio por cada gramo de oro obtenido.
El mercurio se consigue en Bucaramanga a unos $650.000 el kilo, pese a que la Ley 1658 de 2013 prohibió su uso en la minería colombiana desde el 16 de julio de 2018. Ocho años después de la prohibición, sigue habiendo mercado.
Aguas abajo de esa cuenca está el sistema que abastece al área metropolitana de Bucaramanga. Por eso el asunto dejó de ser una discusión minera y pasó a ser una discusión sobre el agua de más de un millón de personas.
Las dos orillas del debate
Conviene decirlo sin tapujos, porque este es un asunto donde es fácil repartir villanos.
Del lado de Vetas y California hay dos municipios pequeños cuya economía se ha construido sobre el oro durante generaciones, con una tradición minera anterior a la discusión ambiental y sin una alternativa productiva de escala equivalente. Restringir la actividad allí no es un debate abstracto: es la base del sustento local.
Del lado de los comités ambientales de Santurbán está el argumento del agua: el páramo es una fábrica hídrica y el daño en un ecosistema de esa altitud es lento de reparar, cuando es reparable. La declaratoria de la zona de reserva fue celebrada por organizaciones ambientales de la región y de fuera del país como una decisión de protección del recurso.
Las dos posiciones son legítimas y describen costos reales. Lo que falta para arbitrar entre ellas es, otra vez, la cifra: cuánto produce y cuánto aporta la minería legal de esos municipios.
Economía Santander encontró que para cerrar esta historia hay cuatro datos que no fue posible verificar al cierre:
- La producción de oro reportada por Vetas y California en 2025 y lo corrido de 2026.
- Las regalías giradas a esos dos municipios.
- Cuántos títulos vigentes hay en el distrito.
- Cuántos comercializadores con RUCOM activo operan en Santander.
Los tiene la Agencia Nacional de Minería. Sin ellos, cualquier discusión sobre si conviene o no la minería en Santurbán se hace comparando un costo ambiental medido contra un beneficio económico que nadie ha cuantificado.
Dónde termina ese oro
La cadena no se acaba en la bocamina. El oro de Santurbán llega a los talleres y las vitrinas del centro de Bucaramanga, y ahí aparece el problema del joyero: comprar oro legal y poder demostrar que lo es, cuando buena parte del metal que circula no tiene trazabilidad.
Ese eslabón está desarrollado en la nota sobre la cadena del oro y la joyería en Bucaramanga.
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