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Joyería en Bucaramanga: comprar oro legal y poder probarlo

La extracción del oro ilegal en Santurbán deja al descubierto el problema de fondo de los joyeros de Bucaramanga: comprar oro legal y poder probarlo.

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Imagen relacionada a la joyería en Santander, gremio que sostiene una cantidad representativa del comercio en el Departamento, la mayoría producto de las ventas en centros comerciales, comerciantes independientes y ventas de joyas que se llevan a los mercados internacionales.
De las minas de Vetas y California sale el oro que sostiene los talleres de joyería en Bucaramanga. Foto: Pixabay-Hans Rings. Pixabay Hans Rings

De las minas de Vetas y California sale el oro que sostiene los talleres de joyería de Bucaramanga. De los socavones ilegales del páramo de Santurbán sale aproximadamente un kilo de oro diario, que se mueve en un mercado paralelo valorado en $26.000 millones mensuales por la Unidad de Información y Análisis Financiero.

Los dos oros salen de la misma montaña. Al llegar al taller, se ven exactamente igual.

Lo que documentaron las autoridades

Una investigación de Vanguardia reveló en julio de 2026 los documentos con los que el Ministerio de Ambiente, la Agencia Nacional de Minería, el Servicio Geológico Colombiano y la ANLA registraron la extracción ilegal en el páramo.

El inventario es concreto: al menos cinco túneles entre los 3.100 y los 3.466 metros sobre el nivel del mar, en jurisdicción de California. Dos de ellos, identificados como "Veta de Barro" —con 800 metros de extensión— y "Los Laches".

El costo ambiental quedó medido. El agua que baja hacia Suratá registra un pH de 3,2, un nivel de acidez que no corresponde a un cuerpo de agua natural, con presencia de hierro, manganeso, aluminio, níquel y cobre.

El mercurio: cinco gramos por cada gramo de oro

El dato que conecta la mina con la vitrina es este: la extracción ilegal emplea cinco gramos de mercurio por cada gramo de oro que obtiene. El kilogramo de mercurio se consigue en Bucaramanga por $650.000.

Y ese uso es ilegal desde hace ocho años. La Ley 1658 de 2013 ordenó erradicar el mercurio de la minería colombiana en un plazo de cinco años, y la prohibición entró en vigencia el 16 de julio de 2018, según confirmó en su momento el Ministerio de Ambiente.

Un minero con título y licencia ambiental no puede usar mercurio. Quien lo usa, por definición, está por fuera de la ley.

Por qué esto es un problema del joyero, no solo del minero

Aquí está el punto que suele perderse en la discusión sobre Santurbán.

El joyero que compra oro está obligado a acreditar el origen legal del metal: certificado de origen, RUCOM del comercializador, factura y soporte de que el material salió de un título minero vigente. No es un trámite voluntario, es lo que lo separa de una investigación por lavado de activos.

El problema es operativo. El oro no trae etiqueta. Un gramo fundido proveniente de un socavón ilegal del páramo es químicamente indistinguible de un gramo salido de una mina con título. La trazabilidad no se verifica en el metal: se verifica en el papel. Y el papel se puede conseguir.

Eso deja al taller formal de Bucaramanga en una posición incómoda: compite con quien accede a oro más barato porque no pagó regalías, no tramitó licencia y no asumió el costo ambiental, y al mismo tiempo carga con la carga de la prueba si algo sale mal.

Un sector que carece de cifras actualizadas

Pese a que el sector de joyería en Santander es uno de los más importantes para la economía del Departamento, desafortunadamente carece de cifras actualizadas. Las cifras que circulan en internet —700 talleres, más del 40% de la producción nacional— provienen de un artículo de El Tiempo de abril de 2004. Tienen veintidós años. Este medio decidió no publicarlas como vigentes.

Sin embargo, Economía Santander encontró un documento de carácter académico que en 2025 analizó 35 empresas representativas de joyería en Bucaramanga. La investigación llamada "Caracterización de las empresas joyeras deBucaramanga, Colombia: Análisis de sucontexto socioeconómico y perspectivas futuras", de las autoras Cristina Tavera y Sandra Gil, encontró que la joyería se ha convertido en una actividad para el desarrollo económico de Bucaramanga y Santander de tradición.

La investigación explica que esta situación se debe "gracias a factores de calidad en sus materiales y diseños, los cuales indican que ya hay espíritu de empresa, más allá de la idea de solo un proyecto de emprendimiento, pues se ha recorrido un camino que ha puesto las bases y los fundamentosde una industria que cuenta con tener afortunadamente cercanía con la provincia de Soto Norte (Santander), donde tienen la materia prima: las minas de oro vecinas del Páramo de Santurbán".

Las autoras afirman que la situación financiera de las empresas encuestadas del sector joyero de Bucaramanga tuvieron un cierre financiero en 2022 desafiante, con un 66% reportando resultados negativos. "Solo un 34% de las empresas, según la base de datos proporcionada por la Cámara de Comercio de Bucaramanga, logró mantener una operacióncon resultados positivos en el año 2023".

De acuerdo con la investigación, "este reducido grupo de tres empresas, a pesar de las dificultades financieras generales, concentró aproximadamente el 23% del valor total de ventas, alcanzando cerca de $1.200 millones durante ese periodo. Posiblemente la sostenibilidad del sector también se vio golpeada por el COVID-19 y sus consecuencias a nivel empresarial, local y mundial y para el sector joyero lograr superar la crisis no ha sido fácil".

La cadena que no se cierra

Santander tiene la mina, tiene el taller y tiene la vitrina. Lo que no tiene es la trazabilidad que conecta los tres eslabones de manera verificable.

Mientras eso no exista, el escándalo del páramo no es solo un asunto ambiental ni solo un asunto de orden público: es un problema de competitividad para el joyero que sí cumple, y que hoy no tiene cómo demostrarle al comprador —ni a la autoridad— que su oro no salió de un túnel a 3.400 metros.

Esta nota hace parte de la serie que recorre los sectores productivos de Santander más allá de Ecopetrol y la palma, y se conecta con la entrega sobre el oro y con la del clúster de calzado y marroquinería, donde la informalidad juega el mismo papel.

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