Cacao en Rionegro: tres generaciones y el salto al chocolate
La familia Guerrero, de Rionegro, dejó de vender solo grano seco y empezó a transformar su cacao. Cuánto vale ese salto y por qué llega en el momento justo.
Durante décadas, la familia Guerrero hizo lo mismo que hace la mayoría de cacaoteros de Santander: secar el grano y venderlo. Hoy hacen chocolate, y con la baba que antes botaban preparan postres.
Ese cambio de oficio —que el SENA documentó esta semana en la vereda La Unión de Rionegro— tiene detrás una aritmética que vale la pena poner sobre la mesa, porque es la misma que decide el ingreso de 22.000 familias en el departamento.
¿Quiénes son los Guerrero?
Tres generaciones en la misma actividad. Eugenio Guerrero, de 81 años, abrió el camino y sigue vinculado a las labores de la finca. Sus hijos continuaron. Y los cinco hijos de Mary Guerrero Infante ya trabajan en el cultivo.
"Yo aprendí de papá, porque papá nos llevaba a trabajar desde chiquitos, a sembrar cacao, a cargarle maleta y a trabajar el cacao, a producirlo", contó Mary al SENA.
El acompañamiento llegó a través de la Asociación Ven Futuro. Con esa formación pasaron de producir y comercializar grano seco a elaborar chocolate y, sobre todo, a aprovechar una parte del fruto que antes terminaba en el suelo.
"Papá nos dejó eso a nosotros, nosotros les dejamos a ellos, y ellos a los que ellos traen", dijo Mary sobre lo que espera que siga.
¿Cuánto vale de verdad transformar?
Aquí está el dato que explica por qué esto no es una anécdota bonita.
En las exportaciones colombianas de cacao, el grano crudo representa 33,19% del total. Los derivados industriales —chocolate, manteca, pastas— capitalizan más del 60% del valor FOB. Solo el chocolate en bloques, tabletas y preparaciones líquidas aporta más del 37%.
Dicho de otro modo: el mismo cacao vale casi el doble según en qué punto de la cadena se venda. Quien entrega grano seco se queda con el tercio de abajo.
Esa es la paradoja que el portal ya había planteado en la nota sobre el cacao de Santander y el 41% de la producción nacional: el departamento es primero en grano y no lo es en valor.
El dato que casi nadie mira: la baba
Cuando se abre una mazorca, la semilla viene envuelta en una pulpa blanca y dulce. Se llama mucílago, y en la mayoría de fincas se escurre y se pierde.
La literatura técnica calcula que se desperdician más de 70 litros de mucílago por cada tonelada de cacao. Con las 28.044 toneladas que produjo Santander, eso son cerca de dos millones de litros al año que se botan en el departamento.
No es agua: el mucílago tiene entre 10% y 15% de azúcar y se usa en Brasil, Costa Rica y Colombia para bebidas, mermeladas y postres. Los estudios coinciden en el diagnóstico: la mayoría de los agricultores no lo aprovecha y desconoce sus propiedades.
Los Guerrero ahora hacen postres con él. Es exactamente el vacío que esos estudios recomiendan cerrar con formación.
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¿Por qué importa justo ahora?
Por el precio, que se ha vuelto imposible de planear.
Entre enero de 2025 y febrero de 2026 el precio internacional del cacao cayó cerca de 74% después del récord histórico de 2024. Y el segundo semestre trajo el rebote: cerró junio de 2026 en USD 5.062 por tonelada, un alza de 29,97% en un solo mes.
El Gobierno reforzó el Fondo de Estabilización de Precios del Cacao con $2.174 millones justamente por esa volatilidad.
Ahí está el argumento económico de transformar, y no es de superación personal: el que vende grano seco está atado al precio internacional; el que vende chocolate vende un producto con precio propio. No elimina el riesgo, pero lo amortigua.
Lo que Rionegro tiene y lo que le falta
Rionegro es el cuarto productor de cacao de Santander y desde allí se exporta a Asia y Europa. La finca cacaotera promedio del municipio tiene 4,6 hectáreas: son unidades familiares, no haciendas.
El departamento tiene 60.078 hectáreas sembradas en cacao, el segundo cultivo en área después de la palma. El grano se produce en 56 de los 87 municipios.
Sobre ese mapa, el cuello de botella es el mismo que este portal documentó en la nota sobre las obras viales: un chocolate artesanal necesita llegar a un mercado, y los corredores que conectan la provincia con Bucaramanga son justo los que llevan años recortándose.
Lo que la historia no dice
Conviene ser claro con lo que este caso no permite afirmar.
El documento del SENA no reporta cuántas hectáreas tiene la finca de los Guerrero, cuánto producen, a qué precio vendían el grano ni cuánto ganan hoy con el chocolate. Sin esas cifras no se puede medir el salto de ingreso de esta familia en particular.
Lo que sí está documentado es la aritmética del sector: el grano vale un tercio, el transformado vale el resto. Y que un caso funcione no significa que la ruta sea fácil: transformar exige registro sanitario, empaque, canal de venta y capital de trabajo, tres cosas que una finca de cuatro hectáreas no tiene por defecto.
La historia de los Guerrero muestra que la puerta existe. Cuántas familias pueden cruzarla es la pregunta que sigue abierta.
El caso de la familia Guerrero fue reportado por la Oficina de Comunicaciones del SENA Regional Santander el 2 de septiembre de 2026. Las cifras de exportaciones, área sembrada, precio internacional y aprovechamiento del mucílago provienen de fuentes del sector citadas en el texto y no hacen parte del reporte del SENA. El cálculo de los dos millones de litros es de Economía Santander sobre la producción departamental de 28.044 toneladas.

