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Opinión Columna del director

Tres datos que cuentan la misma historia en Santander

La segunda inflación más alta del país, $11,8 billones en obras trabadas y un dólar que no arranca: tres cifras de la misma semana en Santander.

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Panorámica del área metropolitana de Bucaramanga al atardecer
Vías, inflación y dólar marcan el rumbo de la economía de Santander este mes. Archivo particular

Esta semana resumo tres cosas en Santander que la prensa contó por separado. Vale la pena ponerlas en la misma página, porque cuentan lo mismo.

Una. El DANE reportó que Bucaramanga tuvo la segunda inflación anual más alta del país en agosto: 7,03%, contra 6,24% del promedio nacional. Solo Medellín la superó, por cuatro centésimas.

Dos. La Cámara de Comercio publicó su primer informe de veeduría de infraestructura. Las trece obras viales que se ejecutan en el departamento suman $11,8 billones, y de esos, $8,7 billones están en obras que no llegan ni a la mitad de su avance físico.

Tres. El dólar sigue sin arrancar. El consenso del mercado proyectaba $4.000 para diciembre y ya lo bajó a $3.300; la TRM va en $3.126.

Tres noticias distintas. Un solo problema de fondo.

El costo de vida sube donde la productividad no

Que los precios suban más rápido en Bucaramanga que en el resto del país no es una casualidad estadística.

La brecha más grande está en alimentos: 8,09% en la ciudad contra 6,10% nacional. Dos puntos completos. Y los alimentos son, según el propio DANE, el 23,78% del gasto de un hogar pobre y apenas el 8,16% del de uno de ingresos altos.

Ahora júntelo con el segundo dato. Los alimentos que llegan al área metropolitana vienen de la provincia: del cacao de San Vicente, del café de altura, de la ganadería de García Rovira. Y llegan por unos corredores donde tres contratos pasaron de 118 kilómetros prometidos a 68, y donde el corredor Barichara–Zapatoca lleva año y medio sin avanzar un metro.

No estoy diciendo que las vías expliquen la inflación. Digo que un departamento que produce lejos y consume en el área metropolitana paga en flete lo que no invierte en pavimento, y que ese sobrecosto termina en la plaza de mercado.

El dólar barato no es una buena noticia disfrazada

El tercer dato es el que más se malinterpreta.

Un dólar en $3.126 suena bien. Abarata el maíz y la soya de la avicultura, los sintéticos del calzado, las aleaciones de la bisutería. Pero castiga a todo el que vende afuera: al caficultor, al cacaotero, al taller que exporta.

Y hay algo peor, que conviene decir sin adornos: el dólar sigue barato en buena medida porque la inflación está alta. Con los precios al doble de la meta, el Banco de la República no puede bajar su tasa del 12%, y ese 12% es el imán que atrae el capital extranjero que abarata la divisa.

Dicho de otro modo: la tasa de cambio que le conviene al importador santandereano se sostiene sobre el mismo problema que le está subiendo el mercado al hogar de Bucaramanga.

No hay lado bueno en esa ecuación. Hay un desequilibrio que todavía no se corrige.

Lo que sí se puede pedir

Tengo veinte años oyendo el mismo diagnóstico sobre Santander: que produce bien y vende mal, que es primero en cacao y no es primero en chocolate, que tiene el segundo desempleo más bajo del país y a la vez los precios subiendo más rápido que en casi todas partes.

Ninguna de esas tensiones se arregla con un anuncio. Pero hay tres cosas concretas que sí se pueden exigir este semestre, y las tres son de gestión, no de presupuesto:

Que las obras se destraben donde están trabadas. El informe de la Cámara es claro en que el cuello de botella no es la plata ni el contratista: son los predios, las licencias ambientales y los giros que llegan tarde. La Variante de San Gil está congelada por un pleito judicial sobre una licencia, no por falta de recursos.

Que la feria se mida. Bucaramanga proyecta $67.000 millones de movimiento en la Feria Bonita y nadie ha publicado nunca cuánto se movió de verdad. Sin medición no hay forma de saber si el evento crece o se estanca, ni de defender el presupuesto que lo financia.

Que la transformación deje de ser una anécdota. Esta semana el SENA contó la historia de una familia de Rionegro que pasó de vender grano seco a hacer chocolate. Es una historia bonita y es también una estadística de una sola familia. En las exportaciones colombianas el grano crudo vale el 33% y el transformado más del 60%. Ese salto no lo dan las historias: lo dan el registro sanitario, el empaque, el canal de venta y el capital de trabajo.

La cifra que falta

Al final de la semana queda una sensación conocida.

Sabemos con precisión de dos decimales cuánto subieron los precios. Sabemos, gracias a la Cámara, cuántos kilómetros se recortaron de cada contrato. Sabemos a qué cerró el dólar cada día.

Lo que no sabemos es lo más importante: cuánto de todo eso está mejorando la vida de la gente que vive aquí. No hay una medición del impacto de la feria, ni del sobrecosto logístico de la provincia, ni de cuántas familias cacaoteras lograron dar el salto que dio la familia Guerrero.

Un departamento que quiere tomarse en serio a sí mismo empieza por medirse. Lo demás son anuncios.

Esta columna se apoya en el boletín del IPC de agosto del DANE, en el primer informe de veeduría de infraestructura de la Cámara de Comercio de Bucaramanga, en la TRM certificada por la Superintendencia Financiera y en información de la Alcaldía de Bucaramanga y del SENA Regional Santander. Las opiniones son del autor.

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