Dólar 2026: el consenso se equivocó $500 en ocho meses
El consenso proyectó el dólar en $4.000 para 2026 y ya lo bajó a $3.300. La TRM va en $3.126 tras deshacerse el rebote de agosto. Qué mueve la tasa ahora.
El dólar tocó su piso del año el 24 de agosto en $3.048,12, rebotó hasta $3.213,97 el 1 de septiembre y desde ahí volvió a caer. La TRM vigente para este 8 de septiembre es $3.126,08.
Es decir: el repunte que a finales de agosto parecía el giro del ciclo ya devolvió más de la mitad de lo que había ganado. Del piso del año la tasa está apenas 2,6% arriba.
Ese vaivén de tres semanas es, en pequeño, la historia de todo el año. Y explica por qué conviene mirar primero el historial de quienes se dedican a pronosticar esta tasa.
¿Qué proyectan los analistas para el dólar a diciembre de 2026?
| Quién | Cuándo | Cierre 2026 | Falta desde hoy |
|---|---|---|---|
| Goldman Sachs (12 meses) | agosto | $3.200 | +2,4% |
| Fedesarrollo y la bvc | agosto | $3.300 | +5,6% |
| Arena Alfa | marzo | $3.600 – $3.700 | +15,2% |
| Encuesta de Citi | agosto | $3.629 | +16,1% |
| Inverxia | marzo | $3.700 – $3.900 | +18,4% |
| Fedesarrollo (EOF) | marzo | $3.800 | +21,6% |
| Consenso de mercado | enero | $4.000 – $4.100 | +28,0% |
La columna de la derecha es de Economía Santander, calculada sobre la TRM del 5 de septiembre.
¿Por qué se equivocaron las proyecciones?
Porque todas fallaron por el mismo lado: demasiado alto.
El consenso de enero puso el dólar entre $4.000 y $4.100 para diciembre. En agosto, la mediana de la Encuesta de Opinión Financiera de Fedesarrollo y la Bolsa de Valores de Colombia ya iba en $3.300. Es una revisión a la baja de $500 en ocho meses.
Y el error se repitió mes a mes. Esa misma encuesta proyectó $3.260 para julio; la TRM cerró el mes en $3.132.
Quien más se acercó durante el año fue el más bajista de todos. Goldman Sachs tiene hoy el pronóstico más bajo del mercado —$3.200 a doce meses— y es el único que la TRM ya alcanzó.
Quedan menos de cuatro meses para el cierre. Llegar a los $3.300 de Fedesarrollo exige que el dólar suba 1,44% mensual de aquí a diciembre. Llegar a los $3.629 de Citi exige 4% mensual sostenido. Volver a $4.000, 6,70% mensual.
Para dimensionarlo: el rebote más fuerte del año —el de finales de agosto— fue de 5,4% y duró seis días antes de deshacerse.
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¿Qué está haciendo la Reserva Federal?
Lo contrario de lo que suele suponerse: no está recortando tasas.
La Fed mantuvo su tasa en 3,5% – 3,75% el 28 y 29 de julio, la quinta reunión consecutiva sin cambios. Y hubo tres disidencias, todas pidiendo subirla: la mayor cantidad de votos en esa dirección desde septiembre de 2016.
La inflación estadounidense va en 3,5%, lejos de la meta de 2%, empujada por los choques de oferta de la guerra con Irán. El mercado le asignaba 34% de probabilidad a un alza en la reunión del 15 y 16 de septiembre, que es la semana entrante y el próximo dato que puede mover la tasa.
Esto importa para Colombia por una razón: si la Fed sube, el diferencial de tasas que sostiene al peso se estrecha.
¿La inflación alta perjudica al peso colombiano?
Aquí la intuición falla, y vale la pena detenerse.
La inflación colombiana subió en 2026 y el dato de agosto, publicado el 7 de septiembre, lo confirmó: 6,24% anual, frente a 5,10% un año atrás. Es el nivel más alto desde julio de 2024. En Bucaramanga fue todavía peor —7,03%, la segunda del país—, como documentó el portal en la nota sobre la inflación del área metropolitana.
El equipo técnico del Banco de la República proyecta que el año cierre en 6,9%.
Eso suena a mala noticia para el peso. Ha sido lo contrario.
Con esa inflación, el Banco de la República no ha podido bajar su tasa del 12% —la mantuvo el 31 de julio, con cuatro votos contra tres que pedían subirla—. Y ese 12% es justo el imán que atrae capital extranjero: quien se endeuda barato afuera para invertir en pesos gana el diferencial. Esa entrada de divisas es la que ha abaratado el dólar.
Dicho de otro modo: si la inflación cediera y el Banco recortara, el peso perdería su ancla. El factor que parece favorable es el que sostiene la tasa de cambio donde está.
¿Quién es el dueño de la deuda colombiana?
Esta es la pieza que menos se menciona y la que más puede mover la tasa.
La inversión extranjera en títulos de deuda pública colombiana —los TES— aumentó $44,9 billones en el año hasta junio de 2026. De ese incremento, $38,7 billones corresponden a un solo administrador: Pimco, cerca del 86% del crecimiento.
La tenencia de deuda pública en manos de extranjeros pasó de $105 billones en noviembre de 2025 a $150 billones en junio de 2026. El imán vuelve a ser el 12%, que por momentos ha superado las tasas de Brasil y Turquía.
El mayor tenedor sigue siendo local: las AFP, con $244,10 billones, el 30,59% del saldo, según el informe de tenedores de TES de julio. Pero el mayor acumulador de 2026 es el capital extranjero, y esa es la diferencia que cuenta.
El mecanismo funciona así: el fondo extranjero vende sus TES, recibe pesos, compra dólares y los saca del país. Eso aumenta la demanda de dólares en el mercado local y empuja la TRM hacia arriba. Al revés —el capital entrando— es lo que ha abaratado el dólar durante 46 meses.
Y en julio ya hubo una primera señal. Los fondos de capital extranjero fueron los mayores vendedores netos del mes, con una desinversión de $1,74 billones: sus primeras ventas netas en tres meses.
Hay además una apuesta apalancada de fondo. El saldo de posiciones en derivados de moneda —NDF— promediaba unos $4 billones entre 2014 y 2022. A junio de 2026 superaba los $50 billones. Si esa posición se deshace, la tasa de cambio se mueve mucho más rápido que con las ventas de contado.
¿Qué está haciendo el Banco de la República con el dólar?
Comprándolo. El 31 de julio anunció un programa para acumular hasta US$4.000 millones en reservas internacionales, con un primer cupo de US$400 millones.
El solo anuncio subió el dólar $86 en una jornada.
El programa tiene un detalle que explica buena parte del vaivén: solo se activa cuando la TRM está por debajo de su promedio móvil de 20 ruedas. El repunte de finales de agosto llevó la tasa a ese umbral y desactivó el mecanismo solo; la caída de septiembre lo vuelve a poner en juego.
El Banco ya subastó las opciones put de septiembre, por US$400 millones. Hay, en la práctica, un piso institucional bajo el dólar que se enciende y se apaga según dónde esté la tasa.
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¿Y el frente fiscal?
Cambió de manos el 7 de agosto, con la posesión del gobierno de Abelardo De La Espriella y de Miguel Gómez en el Ministerio de Hacienda.
El anuncio inicial fue un recorte de gasto de $21,9 billones, cerca de 1% del PIB, y congelación presupuestal desde el mismo 7 de agosto. La reforma tributaria se radicó el 20 de julio.
El faltante del presupuesto de 2026 va en $26,5 billones, con un déficit oficial de −5,3% del PIB y estimaciones de analistas que llegan a 6,7%. El servicio de la deuda de este año ronda los $130 billones, de los cuales $51 billones son intereses que salen en efectivo: $1 de cada $3 del recaudo.
Este factor puede empujar en las dos direcciones. Un ajuste creíble fortalece el peso —Camilo Pérez, del Banco de Bogotá, cita la percepción fiscal favorable del nuevo gobierno entre las razones del peso fuerte—. Una reforma hundida en el Congreso hace lo contrario.
¿Qué sostiene al peso y qué lo debilita?
Del lado que abarata el dólar están las remesas, y son el soporte más firme. En el primer trimestre sumaron US$3.346 millones y le ganaron a la inversión extranjera directa por unos US$1.200 millones. Marzo marcó récord con US$1.225,7 millones, un crecimiento anual de 12,5%. Van 23 meses seguidos por encima de US$1.000 millones y, entre enero y mayo, equivalieron al 50,2% del ingreso de divisas de la balanza cambiaria.
Del lado que lo encarece está el petróleo. El Brent pasó de US$115 – 117 en marzo y abril a menos de US$87 a finales de agosto, y la producción cae: 740.497 barriles diarios en marzo, 0,98% menos que un año atrás. Cada US$10 que baja el barril le cuesta $7 billones a la Nación.
¿Cómo afecta esto a Santander?
Un dólar que sube reparte al revés que uno que baja, y el departamento tiene los dos lados.
Ganaría el que exporta. El caficultor recibiría más pesos por la misma carga, en un renglón donde el precio sube pero el margen no. Lo mismo el cacaotero y el taller de calzado que vende afuera.
Perdería el que importa. El maíz y la soya con que se alimenta la industria avícola —el renglón más grande del agro santandereano— se pagan en dólares, igual que los sintéticos del clúster de calzado y las aleaciones de la bisutería.
Y ganaría el hogar que recibe remesas, que por cada dólar girado del exterior recibiría más pesos que en agosto.
Lo que no se puede afirmar
Que el dólar suba o baje de aquí a diciembre. Las proyecciones de este año son la mejor prueba de que ese pronóstico no está disponible, ni siquiera para quienes lo hacen de oficio.
Lo que sí queda claro es el mapa de fuerzas. Empujan hacia arriba una Fed que discute subir tasas la semana entrante, un petróleo barato, un capital extranjero que en julio empezó a vender y un Banco de la República comprando dólares. Empujan hacia abajo unas remesas en récord, una tasa de 12% que sigue siendo imán —y que con la inflación de agosto en 6,24% tiene menos margen que nunca para bajar— y un gobierno nuevo que anunció ajuste.
El rebote de agosto es el mejor recordatorio de por qué no conviene leer seis días de mercado como un cambio de ciclo.
Esto es periodismo económico, no asesoría de inversión, y así está declarado en los términos de uso del portal. La tasa del día se puede seguir en dólar hoy.
Cifras de la Superintendencia Financiera, el Banco de la República, el DANE, el Ministerio de Hacienda, Fedesarrollo y la Reserva Federal. Los porcentajes que faltan para cada proyección son cálculos de Economía Santander sobre la TRM del 5 de septiembre de 2026.


