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Empleo Redacción propia

Empleos que van a desaparecer: qué arriesga Bucaramanga

El Foro Económico Mundial calcula 92 millones de empleos desplazados a 2030. Los oficios en declive son los que más ocupan en el comercio del área.

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Cajera atendiendo en un almacén del centro de Bucaramanga
Los roles administrativos y de caja encabezan la lista de ocupaciones en declive hasta 2030. Archivo particular

El Foro Económico Mundial calcula que hacia 2030 se desplazarán 92 millones de empleos en el mundo y se crearán 170 millones. El saldo es positivo —78 millones netos— y por eso la conversación suele quedarse ahí.

El problema es que ese saldo no le llega a la misma persona. Los empleos que se van y los que llegan no están en el mismo oficio, ni en el mismo lugar, ni le sirven a la misma gente.

Y para Bucaramanga hay un detalle incómodo: los oficios que encabezan la lista de los que se apagan son justamente los que más ocupan aquí.

Qué dice el dato global

El informe Future of Jobs del Foro estima que el 22% de los puestos analizados vivirá una transformación estructural de aquí a 2030.

En proporción, los 170 millones de empleos nuevos equivalen al 14% del empleo actual, y los 92 millones desplazados al 8%. A eso se suman unos 6 millones más que se perderían por presión de precios y desaceleración económica, no por tecnología.

Conviene leer esas cifras con cuidado. No describen un apocalipsis laboral: describen un recambio. Lo que decide si a un país le va bien o mal en ese recambio es qué tan rápido puede mover a la gente de una casilla a otra.

Los oficios que se están apagando

La lista de ocupaciones en declive es consistente y no sorprende a nadie que trabaje en ellas: cajeros, asistentes administrativos, empleados de correo y digitadores de datos.

Tienen algo en común. Son tareas repetitivas, con reglas claras y sin necesidad de criterio, que es exactamente lo que un sistema automatiza primero. No desaparecen de golpe: se van adelgazando, un puesto que no se reemplaza cuando alguien renuncia.

La paradoja que casi nadie menciona

Aquí está el matiz que cambia la lectura del informe.

Los oficios que más crecen en porcentaje son tecnológicos: especialistas en datos, fintech, inteligencia artificial, desarrollo de software, energías renovables y vehículos eléctricos.

Pero los que más crecen en número de personas son otros: trabajadores agrícolas, repartidores, obreros de construcción, personal de ventas y trabajadores del cuidado.

Es decir: la nota de prensa habla de programadores, pero el grueso del empleo nuevo va a estar en el campo, en el reparto, en la obra y en el cuidado de personas. Son trabajos difíciles de automatizar por razones físicas, no por razones de calificación.

Esa distinción importa para un departamento como Santander, donde el agro pesa. Puede haber más empleo del que sugiere el titular tecnológico, pero no necesariamente mejor pagado ni más formal.

Qué se juega el área metropolitana de Bucaramanga

Aquí el dato global aterriza y se pone concreto.

El área metropolitana cerró el trimestre abril-junio de 2026 con una desocupación de 8,2%, después de haber bajado a 7,9% entre febrero y abril. En julio subieron a la vez el desempleo, la informalidad y la desocupación juvenil.

Y la informalidad es el problema de fondo: 44,5 de cada 100 empleos del área metropolitana son informales, una cifra que se deterioró frente a 2025.

Ahora crúcelo con la lista de oficios en declive. El comercio es uno de los mayores empleadores de la ciudad, y cajeros y asistentes administrativos están en el primer renglón de lo que se apaga.

No es una hipótesis lejana: el comercio de Santander ya viene mostrando ventas al alza y empleo a la baja. Vender más y contratar menos es precisamente la señal que antecede a un recambio de este tipo.

A eso se suma el otro extremo del mismo sector: los 6.444 vendedores informales que el Censo Económico contó en las calles de Bucaramanga. Un mercado laboral que ya expulsa gente hacia el andén tiene menos colchón para absorber una transición tecnológica.

La voz del especialista

Iván Daniel Jaramillo Jassir, profesor de la Universidad del Rosario, exdirector de su Observatorio Laboral y exviceministro de Empleo y Pensiones, considera que el cambio tecnológico ha obligado a replantear el modelo de aprendizaje para la formación de futuros profesionales, basándose en un esquema que pone énfasis en el desarrollo de habilidades duras y blandas.

Para el experto, "se ha observado que la demanda de trabajo se ha ido modificando de forma muy acelerada dada la automatización y la digitalización de todo el desarrollo que caracteriza las actividades de este nuevo tiempo. Entonces claramente hay una reformulación de toda la formación en habilidades blandas y duras que ha impuesto a los modelos de formación un paso acelerado de la tradicional educación de conceptos, saberes, conocimientos a la incorporación de elementos nuevos como la adaptación al cambio, liderazgo, la gestión de las nuevas realidades digitales y tecnológicas", afirma.

Iván Jaramillo Jassir, exviceministro de Empleo y Pensiones. Foto: archivo particular.

Agrega que en el modelo de aprendizaje colombiano, en todos los sistemas de formación para el trabajo se ha ido acentuando en su importancia en lo relacionado con temas de tecnología y nivel técnico. "Con el Ministerio de Trabajo de reconocimiento de aprendizajes previos, con los programas de 'Saber Hacer Vale', se ha mostrado resultados muy positivos sobre todo en la adecuación de poblaciones que tienen especiales dificultades, como es el caso de población migrante, de cara a la acreditación de sus saberes frente al mercado laboral", añadió.

Lo que la formación tendría que estar haciendo

Si el recambio es de 22% de los puestos, el sistema educativo tiene un problema de calendario: una carrera dura cinco años y el mercado se está moviendo más rápido que eso.

Las competencias que el informe destaca no son solo técnicas. Junto a datos, inteligencia artificial y ciberseguridad aparecen la resiliencia, la adaptabilidad, el aprendizaje continuo y el pensamiento crítico. Son las que permiten cambiar de casilla cuando la casilla desaparece.

Eso apunta menos a crear carreras nuevas y más a que la formación corta, certificable y actualizable —la que se toma trabajando— sea tan accesible como el pregrado. En un mercado con 44,5% de informalidad, esa es además la única que muchos pueden pagar.

Lo que hay que vigilar

La desocupación juvenil del área metropolitana. Es el primer indicador que se mueve cuando una economía deja de crear los empleos de entrada, que son justamente los administrativos y de caja.

La informalidad. Si la formal se contrae y la informal crece, el recambio no está ocurriendo: está expulsando.

Qué formación corta se está ofreciendo en la ciudad y quién la está tomando. Es el dato que hoy nadie publica y el que diría si el área metropolitana se está preparando o solo esperando.

Sobre cómo se comporta hoy el mercado laboral formal de la región está la nota sobre la creación de empleo formal en Bucaramanga.

Siga leyendo: Comercio en Bucaramanga: 6.444 vendedores en la calle

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